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Somos Carolina y Camila

Nos conocimos en el colegio y desde entonces somos amigas, ya son más de 20 años de amistad y aún no nos creemos lo rápido que ha pasado el tiempo!.

Crecimos con la misma educación sexual, la del colegio, que era biología y algo básico de prevención. En la casa no se hablaba, no porque faltara amor, sino porque había temas que simplemente no se tocaban. Aprendimos en la marcha como casi todos y hubo cosas que cada una vivió bastante sola. Preguntas que no supimos hacerle a nadie, y que en su momento se sintieron más grandes de lo que eran porque no había con quién aclararlas o ordenarlas.

Lo que vi en consulta — Carolina

Estudié psicología y me especialicé en sexualidad, y a mi consulta llegaban hombres y mujeres que vivían su sexualidad con ansiedad, dolor, desconectados de su propio cuerpo y del deseo. Historias distintas, la misma raíz: infancias con silencios, con pudor, con advertencias que nunca se explicaron, información que no llegó o que llegó distorsionada, etc.

Y no me demoré mucho en darme cuenta que esto también me pasó a mí. Ahí llegué a la conclusión que empezó todo: si le pasa a tanta gente, no es un problema de unos pocos. La educación sexual integral es algo que todos necesitamos y que casi nadie recibió.

Cuando me sumé — Camila

Un día la Caro me dijo que tenía una idea, me invitó a su depa y sentadas en la terraza me la contó. Tenía un documento armado con algunas cosas escritas. Me lo mostró y me dijo que creía que podía ser bueno.

Le dije que sí de inmediato. No me costó nada entenderlo porque yo crecí exactamente igual que ella, con las mismas clases de biología y los mismos silencios en la casa.

Y nos pusimos en campaña, partimos trabajando cuando podíamos, a veces después de la pega, a veces los fines de semana, planificando, organizando, creando el contenido. Desde cero y de a poquito el proyecto empezó a tomar forma. Con paciencia, determinación y harta dedicación, después de casi 1 año de trabajo estuvimos listas para constituir la sociedad.

Cuatro días después de constituir la sociedad me enteré de que estaba embarazada.

Así que este proyecto y mi hija crecieron a la par, y lo que para mí era una buena idea se convirtió en algo bastante más concreto porque en unos años me va a tocar a mí. Voy a ser yo la que esté ahí cuando ella pregunte.

Lo que queremos

Que cuando llegue esa pregunta (la de mi hija y la de tu hijo o hija) haya alguien que sepa qué decir. No la respuesta perfecta, solo palabras dichas con calma por alguien que no se asusta.

Eso es lo que a muchos de nosotros nos faltó, y es lo único que hace falta para que un niño crezca mejor, sabiendo que en su casa estos temas se pueden hablar.