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Carta a nuestras niñas y niños internos

Querida niña, querido niño,

No supieron explicarte todo.

Creciste en un tiempo donde había temas que no se hablaban, donde algunas preguntas quedaban suspendidas. Donde el cuerpo, las emociones o las vivencias internas se entendían más desde el silencio que desde la conversación.

Aprendiste a intuir, a leer el ambiente, a darte cuenta de cuándo era mejor callar. Y aunque nadie lo dijo explícitamente, fuiste entendiendo que había experiencias para las que no había palabras.

No fue culpa tuya, tampoco de ellos. Hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían. Pero te faltó el lenguaje disponible, la presencia tranquila. Hoy, desde este presente, quiero decirte que no había nada malo en ti, nada que esconder, nada que corregir.

Si alguna vez sentiste confusión o soledad, fue porque estabas creciendo en un contexto que no supo cómo acompañar ciertas preguntas.

Con el tiempo esas preguntas no desaparecieron, se transformaron en curiosidad, en búsqueda, en una sensibilidad particular hacia lo que no se nombra y hacia quienes quedan solos con sus dudas.

Y casi sin darte cuenta, ese camino te trajo hasta aquí. Desde la necesidad de crear espacios donde hablar sea posible, donde no tengamos que esperar a estar completamente seguros para acompañar y donde el cuidado no dependa del silencio.


Esta carta no busca cerrar tu historia, busca honrarla.

Porque creo profundamente que cuando una persona adulta se permite entender su propio camino, puede acompañar a otros con más conciencia y menos miedo.

Si hoy puedo mirar hacia atrás con más calma, es porque algo de ese recorrido encontró sentido en el presente. No como reparación tardía, sino como forma de continuidad.

Y porque, a veces, el propósito no se descubre de golpe. Se construye paso a paso, cuando lo vivido encuentra un lugar desde donde servir.

Carolina

Es Momento de Hablar no nace desde la respuesta correcta, nace desde la experiencia de haber necesitado palabras. Desde la comprensión de que muchas veces no es falta de amor lo que hay detrás del silencio, sino falta de herramientas.

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